Mi Histora Musical
Cómo minimizar la verguenza de los primeros años sin tener que
mentir???
Esta loca, loca aventura de bemoles, adrenalina, suspiros y diapasones da su kick inicial a principios del '88, a mis dulces once otoños, de la mano de los primeros
asaltos en casa de mis compañeritos de primaria. Los "artistas" que se barajaban (no, las comillas no son casuales):
César Banana Pueyrredón, Los Fabulosos Cadillacs, Los Pericos, Eddie Sierra y el pack Music 21, integrado por luminarias de la talla de
Joe Cocker, Tina Turner, A-Ha, Bananarama, etc.
Ay, Dios. Ya sé, ya sé!
Se me ocurre que podría agregar una pre-etapa a la anteriormente mencionada. Una suerte de
primer peldaño musical familiarmente impuesto, que habla de viejos sátrapas de la música como
Nicola Di Bari, Gilbert Becaud, Julio Churches ("Iglesias", por si no la casasteS, fieringui),
ABBA y hasta el
Gitano Leonardo Favio. Pero no creo que valga la pena reparar en esta etapa sub-cero ya que todos la hemos tenido vía papi y mami (o el Estado, si voçé pobre criaturita de Dios pasó buena parte de su juventud en un orfelinato) aunque tampoco sería del todo honesto omitir que estos paupérrimos artistas del año de ñaupa ... hoy día me gustan.
En una año de cambios como fue el año 1989 para mí, la música comenzó a hacer mella por primera vez en mi vida y a acompañar los heterogéneos momentos con símiles sonidos. Ese año me compré mi primer cassette (mi primer cassette, belé!!!): el primer album de
Los Pericos, apoyado en el megahit
Ritual of the Banana. Esta bandita se encontraba inminentemente acompañada en todas y cada una de las fiestas de séptimo grado por su cuasi-simbionte,
Los Fabulosos Cadillacs. Pero hasta allí nomás llegaría mi afición por la música doméstica.
Hacia fines de ese mismo año, mientras todos mi amigos iban de cuatro a seis a profesora particular para preparar el ingreso al
Nacional Buenos Aires, Pellegrini o
Ilse, yo me quedaba en casa horas y horas tirado en la cama escuchando
Erasure, Depeche Mode, New Order y todo el batido popero con el que arreciaba ... la
ZETA 95! AAAAAARRRRGGHHH ... jajajaja!!! Se acuerdan del
BB Zanzo? juaz!
En 1990 dejé la primaria estatal que quedaba a la vuelta de mi casa e ingresé a un coqueto colegio privado para niños pseudo-ricos en el cual era menester vestir algo tan absurdo como un blaizer inclusive a la edad de 12. No fue un buen año definitivamente. Nadie me quiso, yo no quise a nadie y me convertí en un
misfit absoluto. Fue así como nació la faceta melancólica. Durante este año no me aboqué a escuchar ninguna banda en particular, sino a pasar incontables días esuchando la depresivísima radio
Horizonte 94.3. Quien también haya sido sorteado para el servicio militar como
moié quizás recuerde los nombres y/o temas de las bandas pop/ballad residuales de fines de los 80's negándose a perecer en esta radio para inadaptados. Un-año-de-corrido-escuchando-esto-no-puede-ser-nada-bueno!
En segundo año mudé de colegio. Vida nueva, amigos nuevos, música nueva. No me pregunten, no quieran saber, pero de buenas a primeras me encontré escuchando
Vanilla Ice (------------------------------------ listo? -------------------------- puedo seguir? ---------------- gracias). Sí, Vanilla Ice. Perdido mal. Me pasé un año entero festejando a un vainilla hablando ligerito sobre los loops más baratos que el dj más pedorro del universo pueda concebir y "prendiendo fuego" las pistas de baile de
Cinema, NY City y
Engelberg con mi amigo Hilario (quien bailaba break-dance a la perfección, sin necesidad alguna de ver las clases de Charlie Breaker los sábados por la mañana en canal 9, lo cual me daba envidia).
Hasta que en el año 1992 (gran, gran cosecha), durante un recreo, se acercó a mi un compañero cuyo nombre no recuerdo, a la voz de: -
qué estás escuchando, flaco? -. Ya acostumbrado a la gastada, mascullé - Vanilla Ice -, entregado. Me sorprendió sobremanera la falta de chispa de este pibe al no escuchar cargada alguna. Al levantar la vista lo encontré observándome con un dejo de seriedad. Fuimos hasta una mesita en el patio, sacó una birome y un pedacito de papel de su bolsillo y mientras escribía me dijo: -
te voy a dar tres nombres de tres bandas. Probalas. Si no te gustan, seguís con lo tuyo. Pero creeme, tenés que escuchar esto -. El papelito leía:
Nirvana, Nevermind;
Pearl Jam, Ten;
Red Hot Chilli Peppers; Blod Sugar Sex Magik. Así nomás.
Ese fue el año en el que la música cambió mi vida y mi perspectiva ante la misma.
Smells like teen spirit y
Come as you are me rompieron la cabeza. El disco entero de Pearl Jam me sabía al sonido de que los Dioses debían de producir mientras soñaban milagros. Y el bajo de Flea me tenía saltando de acá <------- -------> para allá . Y así abandoné la música basura, el techno y las sistemáticas y aburridísimas asistencias a Caix sábado tras sábado por el grunge, los pantalones rasgados, el pelo largo y la actitud rebelde de descontento ante la vida [más al respecto en una nota perdida en los archivos bajo el nombre
Generación X o algo así].
Y con dichos cambios llegó
Soundgarden, Temple of the Dog, Stone Temple Pilots, Faith no More, Radiohead y toda la tirada de banditas alternativas a las que con tanto gusto suscribí. Simultáneamente y circulando en otro carril,
The Ramones me rozaba eventualmente. Pero en 1993, cuarto año, nuevamente fui invitado por la institución académica de turno a
cerrar la puerta del lado de afuera e ingresé a un colegio muy distinto a los cuales estaba acostumbrado. Era privado, pero no se usaba uniforme; parecía serio, pero todos tenían el pelo mucho más largo que yo; se podía fumar en el recreo, pero te hacían estudiar a full ... y todos, todos tenían remeras de
Metallica, Napalm Death y Obituary.
Yo recién hacía mis primeras armas en
ese ruidoso género a través del
Album Negro y ahí ya todos estaban de vuelta;
Metallica comenzaba a quedarles un poco blando. Paralelamente a mi pasión por el grunge y el hoy ya difunto
rock alternativo fue naciendo un inevitable gustito por el metal. Comencé a escuchar
Justice for All, Master of Puppets, Countdown to Extinction y me gustaba. Pero todo esto fue un tentempié hasta que escuché mi, hasta hoy, banda favorita de metal:
Pantera. AAAAARRRGHHH !!! Siempre odié el metal clásico, los cantantes líricos sobre las bases repetidas con mucho overdrive y los interminables solitos pseudo-virtuosos de escasísimo talento.
Reticente por lo ya mencionado, acepté escuchar
un solo tema y basta en el walkman de mi compañero, Sebastián Man (con la sola intención de librarme de una buena vez y para siempre de su hincha pelotez por esta dichosa banda). Recuerdo que estábamos en el bondi que nos llevaba a gimnasia, un martes por la mañana, sobre avenida libertador en un día soleado (increíble como uno se puede acordar de algunos detalles repelotudos e intrascendentes de hace tanto y no pueda retener un puto párrafo para la facultad hoy día); Man rebobinó un tema, me pasó el walk-man y me miró sonriente ... a sabiendas de
lo que iba a ocurrir.
El tema:
Fucking Hostile. El disco:
Vulgar Display of Power. La banda:
Pantera. Quienes conozcan el disco entenderán que cualquier tipo de explicación sobre el poder al que fui expuesto sin anestesia previa es fútil. Pantera me encantó y junto con bandas como
Megadeth, Fear Factory y Sepultura dió paso al death-metal y al Grindcore. Terminé esuchando una impresionante sarta de bandas de death tipo
Obituary y Napalm de las cuales solo rescato una:
Carcass. Tre-men-do! Ya estaba del otro lado, escuchando lo más heavy de lo más heavy. E igual que antes, el carril lento y desatendido que antes supo transitar The Ramones era ahora ocupado por el hardcore de
Biohazard.
Con el fin de la secundaria en el año 1994, siete materias previas y un hígado reventado por las fiestas después (en ese entonces era más normalito y perfectamente dado a lo social), pintó bajar un cambio. Y comencé a sufrir una merma de lo más natural en mi avidez por los decibeles. Kobain aparecía partido en dos, Vitalogy sugería un funesto futuro para Pearl Jam, Soundgarden comenzaba a aburrir demasiado ya y Alice in Chains estaba de cuajo en una clínica de
recuperación. Me apoyé invariablemente durante varios meses en
Stone Temple Pilots, Radiohead y Faith no More.
Hasta que en el 95 se pudrió todo. Un día como cualquier otro, en mi cuarto, de parado (no se bien por que) agarré en Mtv un video por la mitad. Mucho barro, tipos cayendo por una colina, una bajista vestida de blanco, un tipito con una remera que leía ZERO. Ese tema me quemó mal. Me quedé hasta el final para ver la placa y descubrir qué banda era. Y mi sorpresa no pudo ser mayor al enterarme que eran ni más ni menos que los patéticos
Smashing Pumpkins. Banda penosa a mi entender desde aquel video ultra bufarra de Today en el que Billy levantaba un monumento al hippie mamón. No obstante,
Bullet with Butterfly Wings me retumbaba en la cabeza y me torturaba la necesidad imperiosa de volver a escucharlo. Junté veinte manguitos y me fui al Musimundo a comprar el disco. Lógico, no me alcanzó porque los muy giles no tuvieron mejor idea que sacar un disquito doble. De ahí, con mis veinte pesitos en la mano, me fui a lo demi amigo Hila con el fin de conseguir un coequipar para realizar la transacción. Le comenté sobre el tema y lo convencí rápidamente. Media hora después estábamos en casa ... escuchando
el mejor disco que haya escuchado en mi vida: Mellon Collie & The Infinite Sadness.
Podría quedarme horas y horas y horas escribiendo sobre esta banda y lo mucho que significó para mí, así que voy a resumir con un sencillo: la banda más importante y que más haya disfrutado en mi vida.
Y a partir de entonces comencé a diversificarme y a escuchar una serie de bandas relacionadas entre sí de alguna forma u otra, entre las que destacan:
Foo Fighters, Marylin Manson, Silverchair, NIN, Veruca Salt, Rage Against the Machine, Garbage, etc. Era la época de las vacas gordas y uno podía optar un sábado como cualquier otro por ir a ver a los Stones, U2 o Guns n' Roses. La exposición era brutal.
Esta etapa duró unos 3 años hasta que mis amigos y yo nos encontramos un poco saturados de escuchar siempre lo mismo. De la mano del ojo hábil y arriesgado de
Agu, de incesante necesidad de renovación de Lean, del
3 cassettes por diez pesitos en Pque. Rivadavia y del poderoso cablemódem de quien suscribe, nos salimos a full de la órbita del rock para entrar en el
trip-hop.
Agu comenzó comprándose algo de una banda de la cual nunca habíamos escuchado hablar, llamada
Portishead. Yo pegué algo de
Hooverphonic. Lean continuaba apostando a la ya perdida batalla de Pearl Jam vs. el Talento (jaja). Y así comenzamos a darle cabida al trip-hop de
Portishead,
Massive Attack, Tricky, Hooverphonic, Lamb, Moloko; a las mezclas de
Morcheeba y Skunk Anansie y a los primeros pasos en la música electrónica con
The Chemical Brothers.
Ya escuchando todo esto desde el 2000 más o menos, descubrí que en Allmusic había un excelente apartado de
bandas similares. Contando con cable las 24 hrs (ah, inserte suspiro y mirada melancólica al pasado), entré a bajarme todo, absolutamente todo lo estuviese en forma alguna relacionado a estas bandas.
Y fui descubriendo bandas de menor calibre pero igual talento como
Laika, Minus 8, Kid Loco, Air, Cassius, St. Germain, Tosca, Zero 7 o The Avalanches. Y la demorada pero inevitable aceptación de la música electrónica, cortesía de
Deep Dish, Paul Oakenfold, John Digweed y Sasha. Muchas de estas siendo las bandas que continúo escuchando en el presente.
Pero todo este proceso, como corresponde, siempre se encontró salpimentado por accesos de rock, pizcas de pop y chispazos de sorpresas (en la variedad está el gusto, no?). Y descubrí que
Fiona Apple era in-cre-í-ble; que
Beth Orton y su folk me emocionan tanto que no la puedo escuchar todo lo que quisiera; que terminé sacándome el sombrero ante los dos últimos discos de una
Madonna a la que siempre califiqué de lastimosa; que en Francia hay bandas impresionantes como
Autour de Lucie, Dolly y el ya mencionado
Air; que el disco
Hours, de Bowie es de un buen gusto digno de reyes; que
System of a Down es un bandón!; que el new age de
Loreenna Mckennitt es excelente; que la bossa brasilera tiene más clase que un inglesito diciendo por favor; que el jazz, al final y gracias a
Miles Davis, no era una música aburrida para viejos gagá; que
Blur tenía lo suyo y que
Oasis no era todo lo malo que yo suponía.
Hoy día escucho en un 35% trance, 20% trip-hop, 20% varieté de todo lo mencionado desde el 2000 y 25% huevaditas que me llegan y que me voy bajando, como por ejemplo:
The Hives, White Stripes, Galleon, Mazzy Star, Chevelle, Underworld o Zweiraumwohnung (cortesía de kati).
En definitiva (hace mil años que empecé a escribir esto), me gustaría decirles (seeeee ... a USTEDES, los 3 gatos locos que caen cada tanto en este blog a la espera de un plan trabajar!) que, en esta aciaga etapa de absoluto vacío musical en el que muertos de hambre como Limp Bizkit son luminarias del rock ... no se rindan. El que busca encuentra y yo garantizo la existencia de banditas INCREIBLES, lamentablemente eclipsadas hoy por hoy tras el ordinario efluvio de asesinos como Mambrú o Juanes.
Yo tengo 26 años. Si voçé tein mais menos na misma edade, nao diga que voçé no se idenchifica con nesta traëtoria musical, galera!