Disquisiciones sobre el comportamiento ideal de las mujeres
por el Contralmirante Ubaldo Matildo Perón
Primera Edición
La comprensión del comportamiento de las mujeres es, a los hombres, inversamente proporcional en su relación con el tiempo. Esto es: a mayor el contacto y más directa la exposición con las mujeres y su gama de heterogéneas conductas, menor el entendimiento dichas conductas y aun menor la posibilidad de vislumbrar patrones racionales que expliquen su errático comportamiento.
Por más frustrante que parezca, es esta misma irracional inoperancia para la comprensión de las féminas la que redunda en la inexorable atracción del hombre por la mujer. La magia reside en lo secreto, en la circunspecta llave que esconde el manual explicativo a esa feromónica saturación de los sentidos que solo las mujeres producen en los hombres.
¿Quién podría sentirse atraído acaso por la “mágica” certeza de los elevadores, los cuales indefectiblemente vienen si uno apreta el botón y no vienen si uno no apreta el botón? En el peor de los casos están rotos y no vienen por mucho que apretemos el botoncito, pero el punto radica en que su comportamiento, por más fascinante que parezca, no basta para saciar la acuciante necesidad del hombre de sorpresa y variedad y que solo el encanto de las insólitas ocurrencias progesterónicas puede aquietar.
¿Qué sucede entonces? Tanto mujeres como hombres buscamos con encomiable gallardía y perita paciencia descubrir lo que cada sexo anhela en nuestras acciones. Investigamos, escudriñamos, inquirimos subprepticiamente, en puntas de pie para no levantar suspicacias y poder operar en base a pistas que nos acerquen más a nuestras parejas y nos permitan establecer un vínculo más estrecho e íntimo con nuestros significant others, mientras que al mismo tiempo intentamos satisfacer una de nuestras tantas necesidades primales: la curiosidad.
Los resultados suelen ser a la postre no menos que espantosos. Espantosos e ilógicos. Como huevos benedictinos servidos sobre el radiador de una vieja Citronetta: un verdadero incordio digno de simios jugando al ajedrez. El crisol de opiniones y el abanico de flagrantes fracasos a cargo de una interminable lista de “conocedores” del tema es infinito. Máxime en Argentina, donde todos sabemos mucho de todo (sino todo de todo) y ya fuimos y vinimos veinte veces mientras los demás giles están todavía en pañales.
La realidad parece sugerir que semejante empresa, como la de comprender operativamente los deseos del sexo opuesto, requiere de un trabajo mancomunado. Dos mentes trabajan mejor que una y la mejor forma de recopilar datos es a través de una comunicación frontal, honesta, sin pruritos y en un marco de total y vehemente crudeza. Es así que damos pie, aquí y ahora, a la primera emisión de la disquisiciones para la comprensión del comportamiento deseado por el sexo opuesto con dirección hombre-mujer, directamente desde la piel del hombre promedio (con un poco de pelusa en el pupo pero también con rico perfumito).
Claro, cuando el coito llega a su fin, muchas de ustedes se encuentran de-sar-ma-das. Sin poder contar con la elevada libido del animal que tienen junto a sí y con gustos, placeres, intereses, anhelos diametralmente opuestos a los de la media del hombre se terminan encontrando como perro en cancha de bochas.
“¿Ah ... seguís acá?”, es la frase que intentaremos eludir mediante la didáctia puesta en acción de una serie de sencillos consejos. Para empezar, es esencial comprender el mensaje tácito de dicha frase y desde allí operar de acuerdo al contexto. De acuerdo al tipo de hombre con el que se encuentre, su personalidad, gustos, la locación, contexto general (luminosidad del ambiente, musicalización, comodidad, aromas), vínculo (romántico, no romántico, humorístico, no humorístico, intereses en común, no en común), las posibles lecturas de dicha frase habrán de variar indefectiblemente entre alguna de estas opciones:
1) Sos muy fea y ahora que ya me saqué el veneno de adentro, me avergüenzo sobremanera y me encuentro la persona con menos autoestima y amor propio de la Tierra, es por eso que estaría discreto, si te importa que no me pegue un tiro, que desaparezcas ya de mi casa.
Hmmm, una de las más complicadas. Primero: ¿cómo identificamos si es esta la opción que a usted le corresponde? Recuerde como era su cara y su cuerpo la última vez que se vió al espejo y calcule mentalmente una regla de tres simple en la cual Elizabeth Hurley es a 100 como ustedes es a ...
Haga la cuenta y el resultado es el porcentaje crudo de la posibilidad de que esta opción NO se aplique a usted. Y aunque el post-sexo no es exactamente un tea-party, siéntase libre de realizar los ajustes pertinentes por personalidad que considere convenientes (+ 5% si usted es sexy, +5% si es popular, +15% si tiene un humor grácil e inteligente, etc).
Si usted efectivamente se encuentra con que puede ser cómdamente el blanco de semejante descargo, proceda de acuerdo a la lógica:
a) no prenda la luz,
b) tenga a mano algún afrodisíaco (recuerde: siendo usted el antónimo de miss universo, el sexo es su mejor arma ... sino la única),
c) no hable,
d) váyase sola (esta actitud está muy bien vista entre los hombres no-sensibles, o sea: los machos, machos de otrora),
e) saque golosinas de su cartera (los azúcares son energía instantánea, mejoran inmediatamente el humor y aceleran el proceso de recuperación del apetito sexual con asombrosa rapidez [ver punto b] ).
f) acostúmbrese: no se puede tener todo en la vida. Por lo menos tuvo sexo. Ahora retírese y planee desde la frialdad del hogar un plan de acción más detallado.
2) Me aburrís. Estás buena, sos copada, todo lo que vos quieras, pero tenés menos chispa que un kiwi. Una pena.
Mucho menos drástica e infinitamente más abordable que la opción 1. Primero: identifique si esta opción la representa. ¿Cómo? Sencillo: si le gusta Tinelli, si la gente la busca bastante para hablar de cosas serias, si usted se va de mambo hablando de cosas lindas como el amor pero que después de cinco minutos son un pelotazo a la ingle, si usted (lisa y llanamente) no hace chistes, si carece de ironía, mordacidad o acidez ... esta opción es la suya.
Tips dorados para la aburridas:
a) váyase a cocinar algo rico o a comprar comida (8 puntos),
b) ponga una película (preferentemente divertida, para contrarrestar su mind-numbingly boring humor y para dar el puntapié inicial a una campaña subliminal en la cual la idea es que él comience a asociarla con cosas divertidas) (7 puntos),
c) prenda inmediatamente la playstation (9 puntos extendible a 10 si usted es una digna jugadora de Winning Eleven),
d) hágale un masaje (ídem punto C si es una digna masajista),
e) prenda un porro (solución ideal para las aburridas con mayúsculas) y deje que la falta de sinápsis haga el trabajo por usted (8 puntos).
3) ¡Uy, Dios! Sos una pelotuda como ni el mismísimo Belcebú podría haber concebido en su peor noche de tequila. Si no estuvieras tan buena te juro que te haría internar en un cotolengo alegando que la antepenúltima lobotomía no te sentó nada bien.
Fácil, a no desesperar. Si usted es imbécil, en el sentido estricto de la palabra, siga estos consejos al pie de la letra.
a) no hable. Limítese a sonreír y a levantarse desnuda de la cama en busca de cualquier adminículo con cualquier excusa a fin de dejarle en claro que su escultural orto bien vale soportar uno o dos comentarios de escaso contacto neuronal,
b) sea bien puta. Hable como puta, diga cosas de puta, pórtese como una puta de alto vuelo,
c) saque un libro de filosofía (no se vaya al carajo, tampoco Nietzsche, algo creíble) y pretenda que lee (y que entiende) junto a él mientras que con la mano libre juega alegremente con el generalito (ver punto 1.b),
d) apréndase chistes de gente más inteligente que usted. La mejor manera de engañar a su coequiper para hacerle creer que usted tiene un iq mayor a 50 es utilizando los ácidos comentarios de terceros. Haga su tarea,
f) bájese anécdotas culturales de internet y memorícelas. El grueso de la gente tiende a confundir de manera flagrante la cultura con la inteligencia.
Esto es todo por esta edición. Espero que les sirva y lo puedan poner en práctica.
Hasta pronto.


